jueves, 4 de abril de 2013

Bendito abandono



La casa de Jenara estaba fuera del pueblo. Vivía en una casa grande y ahora alegre. Había tenido cuatro  hijos y un marido, pero éste salió hacía más de cinco años a pagar la contribución de la casa y no volvió. Al principio lo pasó muy mal, sobre todo por la “perra” que cogieron los amigos y vecinos de que había sido una desgracia, cuando ella, la verdad, sentía que se había liberado. Se reía sola y  cantaba bajito  cuando nadie la oía, pero delante de la gente ponía cara de pena y  aceptaba las innecesarias muestras de consuelo.
¿Qué sabía nadie la vida perra que le había dado aquel hombre de puertas adentro?  En el pueblo era simpático y reidor, amigo de bromas y servicial. En la casa era un ogro, protestaba por todo, gritaba, pegaba a Jenara y a los chicos. Cuando desapareció, tanto ella como sus hijos empezaron a vivir. Ya todas las horas eran buenas, no se temían las horas de la comida que traían al hombre a casa. Ninguno dijo nada, pero todo cambió para bien. Económicamente, tampoco lo necesitaban. El se bebía y jugaba a las cartas casi todo lo que  ganaba. Jenara le contaba a su amiga Lina lo cambiado que estaba todo, decía:  “hasta el cielo está ahora como más limpio, más bonito y no me dirás que los pájaros no cantan mejor...
Cállate muchacha, eso es lo único que no ha cambiado. Lo que te pasa a ti es que con aquel perro rabioso que tenías a tu lado gritando siempre, no oías a los pájaros y no era el cielo el que estaba distinto, eran tus ojos llenos de lágrimas  lo que te hacían  verlo así, como nublado, turbio.
Jenara le contó a Lina lo bien que estaban todos en su casa. Le doy gracias a Dios porque se fue. Si se hubiera muerto, sé que soy lo bastante tonta como para sentir pena, me empeñaría en buscar algún buen recuerdo, aunque te juro Linilla que me hubiera costado trabajo encontrarlo.

2 comentarios:

Gloria dijo...

Es que hay ausencias que lo llenan todo de vida.
Lo peor es que hay muchas mujeres que estan deseando que sus maridos salgan y no vuelvan ¡por si acaso! son ellas las que no lo cuenten.
Besos tranquilos.

pancho dijo...

Antes se decía que salió a comprar tabaco. Saludos, doña Concha.