domingo, 20 de noviembre de 2016

Educacion

Hace unos días salía servidora de un banco, cuando ví que una chica joven venia hacia allí, le mantuve abierta la puerta mientras le sonreía, cuando llego a mi lado sonriendo ella también, me preguntó: “¿De qué nos conocemos?” “Yo creo que de nada”, le contesté. “No, es que como me saludaste sonriendo pensé…” dijo ella. Yo le conté que la sonrisa mía venía de fabrica, con el kit de montaje. Hace un tiempo, estábamos tres amigas juntas de charla, una era como yo, de las que no se callan ni debajo del agua tenemos, la misma edad, más o menos, aunque no lo confesaríamos ni ante el Tribunal Supremo. La tercera parece la virgen del Pino, de guapa y estática, no tiene ni una arruga, yo y la que se me parece no tenemos más porque no nos caben. Yo pregunte: “¿Oye, esta niña por qué tiene la cara como si la acabara de estrenar?” Ella contesto muy orgullosa: “Eso es genético, mi madre y mi abuela tenían la misma piel” “No mi niña, lo que heredaste de tu madre y tu abuela, no fue la piel dijo la otra, fue la mala uva, que ninguna sonreía así la mataran, ni hacia ningún gesto por temor a parecer un día más vieja”. Como les decía, pensé que es verdad que hoy día como no sea en los pueblos, nadie se saluda, bueno, yo si saludo a todo el mundo, los conozca o no, pero eso no es ningún mérito por mi parte porque los que me conocen saben que soy tremenda alegantina, que prefiero alegar si me dieran a escoger entre hablar y respirar, como dice un amigo de la familia que me conoce muy bien. Lo que se nota mucho es que las familias están poco tiempo juntas, como trabajan los padres, los hijos están mucho tiempo fuera de casa y, luego, los deberes y después, el ordenador durante horas y horas. No hay comunicación, no hay tiempo de correcciones, de esto se hace así y esto no se hace. No digo que en todas las casas, ni mucho menos, pero si en muchas, no se enseña a los niños urbanidad, en algunas familias se piensa que educar a los niños es cosa de los maestros, no señor, la tarea de los maestros es enseñar el principio de Arquímedes o los números quebrados, que ya sabemos todos lo fundamentales que han sido en nuestra vida esos conocimientos, bueno, fuera de bromas, la educación, los modales, se aprenden en la casa, desde la cuna o no se aprenden, no hace falta ser muy listo para saber eso. Concha Hernández Romero

martes, 1 de noviembre de 2016

Mis queridos trastos

Admiro a las personas que son capaces de terminar una caja de galletas o bombones de esas tan bonitas con paisajes o animalitos y tirarla a la basura, o un jarrón que se rompe, o un adorno. Yo no, yo después de repetir mil veces la pena que me da la pongo en una bolsa y la guardo en el trastero. ¿ Qué sabe una si inventan un pegamento Mágico Y las bolsas de regalo y las botellas de colonia vacías tan lindas y que todas tienen algún valor sentimental . Y tengo una caja de lata llena de tachas herrumbrientas que se dejo un fontanero cuando vino a instalarme un termo hace diez y ocho o veinte años. Y el martillo sin mango, ustedes lo tiraron ?. Yo no, qué sabe una lo que puede necesitar en cualquier momento. Claro que, aquí entre nosotros, yo se que tengo un montón de trozos de cable pero el otro día lo necesite y como no tenia tiempo de buscarlo, bajé a la calle y lo compre en un momento. Si abres mi cuarto trastero las estanterías parecen un montón de sandwich de esos de varios pisos, tengo hasta duros y pesetas de papel del año de la pera, pero sin ánimo de coleccionar sino por que me los regalo mi padre cuando todavía eran moneda vigente. Tengo una cajita de nácar con los dientes de leche de mis hijos, y la primera ropita que les puse cuando nacieron, y los rosarios, los libritos y los guantes de la primera comunión y zapatos pasados de moda pero, como me los puse en acontecimientos de mi vida familiar, no los voy a tirar ahora no ?. Supongo que las personas que no son así tienen los trasteros y los garajes vacíos y ordenados pero no pueden, como yo arrastrar una banqueta una tarde de invierno y pasar allí las horas contando mis tesoros, reviviendo sus circunstancias . Siempre pienso que voy a tirar algo pero es mentira, lo guardo todo otra vez con cariño y devoción. La verdad, las personas que saben a simple vista lo que se tira o no, me parecen bastante chinchosas. Son capaces hasta de saber que cosa se pone en cada estante de la nevera y claro, lo encuentran todo nada más la abren. Yo no, pero no cambio esa rutina y esa perfección, por mis viajes sentimentales a través de fotos viejísimas, recortes de periódicos que algunas veces no se ni por que los recorté pero por algo seria, y no los voy a tirar ahora que apenas han pasado veinte años. También guardo las botitas de lana que les hizo mi amiga Pepita a mis gemelos cuando nacieron. ¿ Y las cositas que les ha dado a la gente ahora por regalar en bodas, bautizos y comuniones ?. A cual más fea y menos práctica. Pues yo de esas tengo un montón por que claro, a las celebraciones invitan a los que aprecian y tu no vas a hacer el feo de tirarlas. Los otros si, los ordenados seguro que se la dejan en la mesa de la celebración con disimulo, haciéndose los olvidadizos. Yo soy incapaz, es más, seguramente cargaré con dos o tres más para mis hijos, a sabiendas de que pasaran a ser de mi propiedad, que ellos no se los llevaran ni locos a su casa. Belenes, lo que es el nacimiento, los pastores, los reyes, tengo cuatro. Van saliendo otros más bonitos, mas ligeros pero, cómo voy a deshacerme del primer nacimiento que hice con mis hijos. Por la misma razón conservo los otros y cuando se acercan las Navidades recluto a algunos de mis hijos, ponemos todas las figuras encima de la mesa de la cocina y armados de pinceles y pinturas los restauramos todos como si de la misma Capilla Sixtina se tratara. Mis hijas me tienen amenazada con que un día vendrán a mi casa y me tirarán todas las cosas inútiles. Yo confió en que sus muchas ocupaciones se lo impidan, pero si se diera el caso me haría fuerte, como Guzmán el Bueno en la defensa de Tarifa y no me dejaré arrebatar ni uno solo de mis queridos trastos. Es más, se los pienso dejar en herencia a ver si entonces, teniendo para ellos un valor sentimental, no los tiran. Quiero que mis cosas tengan un buen hogar para su futuro. Seria mucha casualidad que el citado fontanero leyera esto, pero si lo hace que no se moleste en venir a buscarla porque en el decálogo no escrito de mi casa dice: …que cualquier objeto, cuanto más inútil y disparatado mejor, que permanezca bajo mi techo más de dos años, pasa a ser de mi exclusiva propiedad… Concepción Hernández Romero.

domingo, 2 de octubre de 2016

Sin juegos

Hubo un tiempo en que no había televisores de plasma, ni siquiera en blanco y negro, ni videos, ni DVD, ni TDT, ni Playstation, ni ninguna de esas zarandajas que nos roban nuestro precioso tiempo y, sobre todo, el de nuestros nietos. Una época en la que los niños jugábamos al aire libre, en la calle, y no sentados en un sofá todo el día. Y si se iba la luz, cosa bastante frecuente, no se paralizaba la vida domestica, porque se cocinaba con una cocinilla de petróleo, de esas de fuelle, se lavaba a mano y la ropa la secaba al sol. Solamente, que cuando llegaba la noche había que encender las velas, ,imprescindibles en todas las casas. Pero la vida seguía igual, no existía ninguna de esas escandalosa maquinas que nos facilitan las tareas domésticas, pero que nos ponen de los nervios .En ese silencio idílico estábamos, cuando llegó a mi pueblo el milagro: la radio. Yo lo recuerdo perfectamente, a mi padre le prestaron una, la trajeron a mi casa, la pusieron encima de la mesa del comedor. Yo debía ser muy chica porque en mi recuerdo, estoy sentada encima de la misma mesa. Toda la familia, incluyendo tíos primos y sobrinos, estaba allí extasiada porque, señores, aquella cajita un poco mas larga que ancha, de color madera, que tenía por delante un trozo de tela como de arpillera, cuatro mandos y una especie de rejillita de madera, ¡hablaba!, ¡hablaba y hasta cantaba!, Todos estaban de pie, nadie osaba sentarse por si en esas se perdían algo. Durante todo el día no paró de entrar y salir gente, y a la hora del “Parte de Radio Nacional” mis padres, que habían decidido comprarse una, ya no estaban seguros de si sería tan buena idea, pues los vecinos, conforme cogían confianza, se iban acomodando y ya no recordaban que sólo habían entrado un momentito a ver si era verdad lo que contaban los que salieron. Ya de mayorcita recuerdo que me gustaba oír los discos dedicados porque había algunas dedicatorias muy graciosas como: “a fulano de tal de su novia, recordándole lo bien que lo habían pasado anoche”, ya sabía él por qué. Ellos lo sabían, nosotros lo intuíamos y a los nueve meses, todos teníamos la certeza. “A fulanita felicitándola por haber obtenido el título de corte y confección”, otras veces, era el carné de conducir. A los niños que hacían la primera comunión la dedicatoria era: “por haber recibido el pan de los ángeles”. A los soldados por haber terminado el servicio militar, también era muy frecuente: “a fulanito con cariño y simpatía desde la Villa de Teror o Ingenio o Agüimes o cualquier otro lugar de la isla. Otro era dedicado a Rosita, la chica mas guapa de su admirado que lo es, fulano. No sé si quería que todos supiéramos que ella estaba por sus huesos, vamos que, el dedicador era el objeto del deseo de Rosita o que el susodicho estaba un poco flojillo en gramática. Junto a un aparato de radio, y oyendo sobre todo las novelas y los discos dedicados bordábamos mis hermanas y yo nuestros ajuares..

martes, 30 de agosto de 2016

¿Y las tapas?

Sean de Tupperware de Rocasa o de Ikea, el destino es el mismo, se esfuman, desaparecen, es un misterio similar al del Triángulo de las Bermudas. Y no me pasa a mi sola, en todas las casas de mis familiares hay un montón de cacharros de esos, pero ninguna tapa. Yo ahora, los compro de esos de uno pieza, pero entonces se me pierde el cacharro entero, es luchar contra los elementos. Es como si estrenas algo de ropa: una camisa, un pantalón, una falda... y te lo manchas, ya se te mancharán siempre que te lo pongas, pregunten, pregunten y verán que eso también pasa siempre. ¿Y lo de no encontrar las gafas de leer? Bueno, a lo mejor eso sólo me pasa a mi. Muchas veces, he pensado que si me tocara la lotería compraría cien pares de gafas y las repartiría por todos los cajones y muebles de la casa, para no tener que pasarme la vida buscándolas. Los que no me conocen pensaran: ¿Por qué no te las cuelgas al cuello con un cordón? Pues porque entonces sería peor, porque me gusta mucho la cocina y me paso allí muchas horas, y si las llevase colgadas se podrían encontrar en sus cristales desde un pedazo de pimiento o un puñado de arroz hasta una vieja de cuarto y mitad. Mi madre también las usaba para leer y nunca hablaba por teléfono sin ellas, apenas sonaba nos ponía a todos a buscarlas. Muchas veces, las llevaba al cuello con un cordón, se lo decíamos, se las ponía y, ahora si, ahora ya podía hablar tranquila. Supongo que alguno de ustedes se acuerda de cuando los teléfonos ni siquiera eran directos, solían estar colgados de la pared y eran negros, enormes y feos. Para hablar con alguien, tanto si estaba al doblar la esquina como en la Península, tenías que llamar a la central y esperar, unas veces un rato y otras, unas horas. No se de qué dependía la tardanza, pero yo siempre pensé que estaba en relación directa con el grado de amistad que te unía a la centralista. Eso tenía sus inconvenientes y sus ventajas. Recuerdo que una vez, estando mi madre operada en la clínica Santa Catalina, me llamó mi hermana mayor para decirme cómo estaba y para que les llevara unas cosas que necesitaba. Al poco de colgar me di cuenta de que no recordaba todas las cosas que me pidió, entonces llamé a la centralita y pedí que me pusieran con la clínica, ese era el protocolo que había que seguir; la telefonista, una buena persona conocida por todo el pueblo, me dijo: Pero mi niña, si hablaste ahora mismo- Si-le conteste yo- pero es que no me acuerdo de lo que me dijo- Ella muy cooperativa me dijo: -A ver, apunta, apunta, te dijo que tu madre estaba mejor y que le llevaras camisones de dormir, fruta, pañuelos y las otras gafas- Yo le di las gracias porque me evitó otra llamada con la consiguiente espera, pero me quede pensando que si le preguntaba, seguro que me sabía contestar todo lo que me decía mi novio, en aquel tiempo ferviente enamorado. No le pregunté, pero desde entonces me pareció notar que siempre que nos encontrábamos me sonreía de una forma pícara como diciendo -¡Hay que ver lo que te dijo anoche!- Otra vez, un chico del pueblo me hizo unos versos alusivos a mi nombre y me los leyó por teléfono. Nada mas colgar, me llamó la telefonista para decirme que ella sabía, de muy buena tinta, que este chico tenía una novia en Las Palmas, con el mismo nombre que yo, dándome a entender que o bien yo no era la musa inspiradora o que el susodicho galán mataba dos pájaros de un tiro. Yo creo que fueron las dos cosas ¿Te acuerdas de eso, chico de mi pueblo?.

domingo, 14 de agosto de 2016

Sueños

Estoy en unos grandes almacenes, voy bajando las escaleras mecánicas , ya se vé poca gente, pronto cerrarán, levanto la vista y veo subiendo a una mujer que es exactamente igual que yo. Bueno la muy… es más flaca. Es como a mi me hubiera gustado ser toda la vida. Creo estar soñando, pero no, estoy despierta y estoy aquí. Ella me mira sin inmutarse parece que no sabe de nuestro parecido. Cuando llego a la planta siguiente y después de afianzarme bien, para no dar con mis quilos en el suelo, me vuelvo a tiempo de ver que ella también se adentra en la planta siguiente, entonces me doy cuenta de que tiene el pelo completamente blanco, nunca lo había notado antes , porque yo la conozco ¿saben?, ella ha venido en mi ayuda muchas veces, los días antes de mi boda, cuando me case con 18 años con más ganas de jugar a las casitas que de tener que llevar una casota. Cuando mis nietos eran pequeños y yo me los llevaba a la playa y tenía que multiplicarme por cuatro para cuidarlos. Ella aparecía entonces, serena y sonriente, y entre las dos podíamos más que ellos.Cuando tuve gemelos que no me dejaban dormir ni de día ni de noche,ella venia, entonces yo mirándola con el mayor de los agradecimientos me acurrucaba a los pies de la cama y me dormía . La había visto muchas veces pero siempre en sueños. Subí las escaleras todo lo rápido que pude y traté de encontrarla, pero no había nadie, ni siquiera estaban allí los dependientes, otra vez volví a dudar si estaba despierta. Mi amiga Patricia me sacó de la duda: “¡venga, Concha!, date prisa, ¿qué haces ahora? Es tardísimo, vámonos” Esa noche deseé con todas mis fuerzas soñar con ella, verla con más detenimiento, pero no vino. El domingo siguiente comí con mi familia y recurrí a una sobrina de mi madre, la más vieja de la familia, se lo conté todo, ella que es tan llorona como yo, me dijo secándose las lágrimas: “ Es tu hermana gemela , murió al nacer” ¡pero si yo nunca oí hablar de ella! Me contó. Antes no se sabía el sexo ni el número de los fetos. Era una sorpresa en el momento del parto. Tus padres y los que estaban allí decidieron ocultarlo para no enfrentar a tus hermanos con la muerte siendo tan pequeños y también por tu abuela que estaba delicada. Desde ese día estoy contenta porque sé que aunque tenga que estar dormida para verla, ella está conmigo. Ahora entendí lo del pelo blanco, allí donde ella esta no hay peluquerías para acudir todos los meses como hago yo. Y era mas delgada porque no ha tenido que comerse todas las sobras de los platos de seis niños “por no tirarlas”

jueves, 28 de julio de 2016

Calle de Triana

En mis tiempos la palabra “ligue “no significaba lo que ahora ,se podía ligar una salsa ,una media para que se mantuviera en su sitio pero los humanos no ligaban, podían conocerse, gustarse, enamorarse, ahora todos esos tramites se resumen en una palabra ,”ligue”. Antes las niñas mayores de quince años nos poníamos todo lo guapas que podíamos (fácil para algunas y ardua tarea para casi todas las demás entre las que me incluyo) y nos íbamos a la calle de Triana a pasearnos ,íbamos en grupo pero al llegar nos poníamos por parejas con el fin de facilitar el acceso de los posibles pretendientes. Yo como soy de Ingenio y estaba aquí estudiando me paseaba los domingos allí en el Egido y los demás días de la semana en Las Palmas(o sea que en cierta manera tenia mas mercado).no recuerdo si Triana era entonces peatonal o si la escasez de vehículos de motor hacían que lo pareciera pero la verdad es que se podía pasear a lo largo y a lo ancho. Los chicos también permanecían en grupos armándose de valor para acercarse y decirte cualquier cosa igual de tonta que las que se dicen ahora pero esperada por nosotras como agua de Mayo ,eso si el niño era de tu agrado si no te inventabas una disculpa y educadamente el se retiraba y mientras nosotras a seguir paseando por si por fin aquel del que te pasabas el día hablando con tus amigas se dignara acercarse . solo en Triana y a la salida de los institutos (que no eran mixtos) se, podía dar esa circunstancia, después fueron además las discotecas, las cafeterías o cualquier otro sitio pero lo que ya me parece el colmo es que puedas encontrar pareja sentada en tu casa delante del ordenador quizás en pijama, zapatillas, desgreñada. Eso termina con cualquier atisbo de romanticismo , además chateando tu puedes decir que mides 1.80 y pesas 50 Kg. y el te puede decir que en la calle lo confunden George Clooney ,pero claro eso hay que demostrarlo y los fracasos son estrepitosos cuando se conocen personalmente .Conozco muy de cerca una historia de una niña de las de antes que todos los días aproximadamente la misma hora y andando despacito para darle tiempo a salir venia por la calle abajo ,un chico la esperaba en el balcón para piropearla , era alto, delgado,moreno,con el pelo un poco mas largo de lo que entonces se estilaba, a ella le gustaba todo de el solo le ponía una pega, era peninsular.Pero un día el le dijo “tu y el mar sois lo mas bonito de esta bendita tierra”¿la comparo con el mar ? nadie le había dicho nunca nada tan lindo y ahí a la niña se le cayeron las barreras geográficas y de cualquier tipo, le sonrió abiertamente consintiendo en ser admirada y cortejada y decidió considerarlo isleño a fin de cuentas nadie puede elegir donde nacer. Así que el bajo del balcón y la acompaño a clase y otros días a casa y pasando el tiempo la acompaño a,la,iglesia donde se casaron y pasado mucho , mucho mas tiempo cuando tuvieron hijos y estos fueron ruidosos y traviesos ella solo recordaba que el no era canario cuando decía a los niños”callaros ya”y ella en las mismas circunstancia decía “chachos calléense ya,fuertes niños enrralaos”

lunes, 25 de julio de 2016

Sola

Una cosa es quedarte sola un rato o hasta unos días, sin obligaciones, por gusto, con unos cuantos libros y ya para colmo de felicidad con una tableta de chocolate Cadbury; lo que yo llamo soledad deseada, y otra cosa muy distinta es la soledad de verdad, la impuesta, la obligatoria. Esa afortunadamente no la conozco personalmente, sólo por referencias, pero existe, existe y está muy extendida. La soledad de cerrar la puerta por la noche y no tener a nadie contigo, la de no tener a quien contarle lo que decía tu madre cuando el día amanecía nublado o la felicidad que sentiste cuando nacieron tus hijos porque los mayores más que que les hablen, necesitan que les escuchen, contar cosas de su infancia, de su vida antes de que se les olviden, antes de que ya no las puedan contar. Todos sabemos de personas que después de haber tenido una familia,incluso numerosa, se encuentran por uno u otro motivo, solas, completamente solas. Ese tema siempre me ha preocupado y no soy la única. Recientemente descubrí un programa extraordinario en el canal de televisión de Andalucía, “Canal Sur" en el que les buscan pareja a mayores de sesenta años. Tú vas allí y explicas cómo eres y cómo te gustaría que fuera tu pareja. Van personas de hasta de noventa años y resulta muy tierno que con esa edad se preocupen de explicar que ellos “ni siquiera quieren besos, sólo quieren compañía". Mientras la persona que busca pareja está en el aire, los que se ajustan a las peticiones y quieren, llaman, y los de la cadena les ponen en contacto y, luego, ya ellos en privado quedan o no, según les convenga. Hace unos días leí que desde que está ese programa en antena, las llamadas de teleasistencia, esas que tienen en algunas Autonomías y que usan los mayores cuando se encuentran mal o muy solos, en las horas de emisión de ese programa disminuyeron en un 90% en Andalucía