jueves, 2 de febrero de 2012

Ficción

Terminó la clase de Santiago Gil en el Ámbito Cultural del Corte Inglés, voy bajando las escaleras mecánicas , ya se vé poca gente, pronto cerrarán, levanto la vista y veo subiendo a una mujer que es exactamente igual que yo. Bueno la muy… es más flaca. Es como a mi me hubiera gustado ser toda la vida. Creo estar soñando, pero no, estoy despierta y estoy aquí. Ella me mira sin inmutarse parece que no sabe de nuestro parecido. Cuando llego a la planta siguiente y después de afianzarme bien, para no dar con mis quilos en el suelo, me vuelvo a tiempo de ver que ella también se adentra en la planta siguiente, entonces me doy cuenta de que tiene el pelo completamente blanco, nunca lo había notado antes , porque yo la conozco ¿saben?, ella ha venido en mi ayuda muchas veces, los días antes de mi boda, cuando me case con 18 años con más ganas de jugar a las casitas que de tener que llevar una casota. Cuando mis nietos eran pequeños y yo me los llevaba a la playa y tenía que multiplicarme por cuatro para cuidarlos. Ella aparecía entonces, serena y sonriente, y entre las dos podíamos más que ellos.Cuando tuve gemelos que no me dejaban dormir ni de día ni de noche,ella venia, entonces yo mirándola con el mayor de los agradecimientos me acurrucaba a los pies de la cama y me dormía . La había visto muchas veces pero siempre en sueños.

Subí las escaleras todo lo rápido que pude y traté de encontrarla, pero no había nadie, ni siquiera estaban allí los dependientes, otra vez volví a dudar si estaba despierta. Mi amiga Patricia me sacó de la duda: “¡venga, Concha!, date prisa, ¿qué haces ahora? Es tardísimo, vámonos”

Esa noche deseé con todas mis fuerzas soñar con ella, verla con más detenimiento, pero no vino.

El domingo siguiente comí con mi familia y recurrí a una sobrina de mi madre, la más vieja de la familia, se lo conté todo, ella que es tan llorona como yo, me dijo secándose las lágrimas: “ Es tu hermana gemela , murió al nacer” ¡pero si yo nunca oí hablar de ella!

Me contó. Antes no se sabía el sexo ni el número de los fetos. Era una sorpresa en el momento del parto. Tus padres y los que estaban allí decidieron ocultarlo para no enfrentar a tus hermanos con la muerte siendo tan pequeños y también por tu abuela que estaba delicada.

Desde ese día estoy contenta porque que aunque tenga que estar dormida para verla, ella está conmigo.

Ahora entendí lo del pelo blanco, allí donde ella esta no hay peluquerías para acudir todos los meses como hago yo. Y era mas delgada porque no ha tenido que comerse todas las sobras de los platos de seis niños “por no tirarlas”

2 comentarios:

Nace dijo...

Me gustó, Conchi.

Juan dijo...

Muy bien escrito. Te felicito.

Un abrazo.

Juan Antonio