martes, 5 de junio de 2012

Eran otros tiempos

En mis tiempos la palabra “ligue” no significaba lo que ahora, se podía ligar una salsa, una media para que se mantuviera en su sitio, pero los humanos no ligaban. Podían conocerse, gustarse, enamorarse, ahora todos esos trámites se resumen en una palabra: “ligue”.
Antes, las niñas mayores de quince años nos poníamos todo lo guapas que podíamos (fácil, para algunas y ardua tarea, para casi todas las demás, entre las que me incluyo) y nos íbamos a la calle de Triana a pasearnos. Íbamos en grupo, pero al llegar nos poníamos por parejas con el fin de facilitar el acceso de los posibles pretendientes. Yo, como soy de Ingenio y estaba aquí estudiando, me paseaba los domingos allí, en El Egido, y los demás días en Las Palmas, o sea, que en cierta manera tenía más mercado. No recuerdo si Triana era entonces peatonal o si la escasez de vehículos de motor hacían que lo pareciera, pero la verdad es que se podía pasear a lo largo y a lo ancho. Los chicos también permanecían en grupos, armándose de valor para acercarse y decirte cualquier cosa, igual de tonta que las que se dicen ahora, pero esperada por nosotras como agua de mayo; eso, si el niño era de tu agrado, si no, te inventabas una disculpa y educadamente él se retiraba y mientras, nosotras a seguir paseando, por si por fin aquel del que te pasabas el día hablando con tus amigas se dignara a acercarse .
Sólo en Triana y a la salida de los institutos, que no eran mixtos, se podía dar esa circunstancia, después fueron además las discotecas, las cafeterías o cualquier otro sitio. Pero lo que ya me parece el colmo es que puedas encontrar pareja sentada en tu casa, delante del ordenador, quizás en pijama, zapatillas, desgreñada. Eso termina con cualquier atisbo de romanticismo, Además, chateando puedes decir que mides uno ochenta y pesas cincuenta kilos, y él te puede decir que en la calle lo confunden con George Clooney, pero claro, eso hay que demostrarlo y los fracasos son estrepitosos cuando se conocen personalmente .Conozco muy de cerca una historia de una niña de las de antes, que todos los días aproximadamente a la misma hora y andando despacito para darle tiempo a salir, pasaba por la misma calle donde un chico la esperaba en el balcón para piropearla. Era alto, delgado, moreno, con el pelo un poco más largo de lo que entonces se estilaba, a ella le gustaba todo de él, sólo le ponía una pega: era peninsular. Pero un día él le dijo: “¡Tú y el mar sois lo mas bonito de esta bendita tierra!” ¿La comparó con el mar ? Nadie le había dicho nunca nada tan lindo y ahí, a la niña se le cayeron las barreras geográficas y de cualquier tipo, le sonrió abiertamente consintiendo en ser admirada y cortejada y decidió considerarlo isleño, a fin de cuentas nadie puede elegir donde nacer.
Así que él bajo del balcón y la acompañó a clase, y otros días, a casa y pasando el tiempo la acompañó a la iglesia, donde se casaron y pasado mucho, mucho más tiempo, cuando tuvieron hijos y estos fueron ruidosos y traviesos, ella sólo recordaba que él no era canario cuando les decía a los niños: “callaos ya” y ella, en las mismas circunstancia decía :“¡chachos, cállense ya!, ¡fuertes niños enrralaos!”

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