martes, 31 de agosto de 2010

El cristal con que se mira

Cuando se tienen quince o veinte años se piensa que los de cuarenta son viejos, que ya no disfrutarán con nada. Afortunadamente esa actitud va cambiando a medida que eres tú el que los cumple. Cuando llegas a los cuarenta ves que eso que pensabas es una tontería, que estás en la plenitud total, que eres una persona segura. A  los veinte todo era incertidumbre.

Cuando tienes cuarenta y cinco o cincuenta eres comprensivo, observas a los más jóvenes enfrentarse a acontecimientos y sabes como se sienten.

Miras a las embarazadas con ternura sabiendo de su alegría, de su ilusión y también, hablando coloquialmente, de lo que se les viene encima.

Yo he pasado con creces esa edad y aunque alguien se ría, me siento joven, soy joven.

Me encanta la seguridad que da la edad. Sigo teniendo genio pero de antemano puedo decidir cuando me voy a enfadar y que no gritaré.

De joven los niños pequeños me cansaban y me preocupaban mucho. Ahora me siento con mi familia en la mesa y podemos hablar de todo, ya no tengo que ser el arbitro y aun puedo tirarme al suelo a jugar con mis nietos. ¿ Se puede pedir más ?.

Es verdad que los años nos pillan a todos por sorpresa. ¿ A quién le gusta mirarse al espejo y ver las arrugas y otros estropicios que traen ?. Digo como Manolo Vieira: “ Yo no tengo nada en contra de la tercera edad, sólo que es la tercera y la última. Si hubiera una cuarta y una quinta …”

Nadie quiere ser viejo, pero ante la otra alternativa …

A mi me encanta la confianza que da la edad, no avergonzarme de mi ignorancia y preguntar cuando es necesario. Me gusta la comprensión, la experiencia.

Decía Ramón de Campoamor que  “… para un viejo, un niño siempre tiene el pecho de cristal…”

Tener esa edad es como encontrarse en lo alto de la cima. La subida nos ha costado. Sabemos que el descenso nos traerá dificultades pero, por el momento, disfrutamos de un magnifico panorama.

2 comentarios:

Moisés dijo...

Esta claro que la edad te da otra perspectiva y tiene sus ventajas

Anónimo dijo...

Cuando teníamos 15 años, hace ya la intemerata, la gente de 50 nos parecian ancianos. Y casi lo eran. Ahora los/las de 50 estan en su plenitud, ilusionados, audaces y confiados en sus posibilidades, dispuestos a empezar de nuevo lo que sea, con menos prejuicios y cada vez con menos ataduras. Como debe ser y como tú lo describes, con una naturalidad merecedora del mayor elogio. Enrique.