El verano da para mucho, da para que los padres que no tienen disponibles a los abuelos se suban por las paredes sin saber qué hacer con los hijos que no tienen clases, pero ellos si tienen que ir a trabajar. Da para que los niños se levanten todos los días pletóricos y felices, preguntando mil veces: ¿Hoy a donde vamos a ir, que vamos a hacer hoy? Con las energías a tope subiéndose a la mesa de la cocina, saltando de un sillón a otro, peleándose entre ellos, preguntando mil cosas precedidas del inevitable: ¿verdad mama qué? ¿Verdad papa qué? Y dejando la casa como si por allí hubiera pasado Atila, así ha sido, en realidad, han pasado “los hunos” y los otros tantas veces y con tal ímpetu que no volverá a crecer la hierba, bueno antes tampoco crecía, esto es una pequeña licencia.
Da para que si estás sola de nietos, los tienes, si y los adoras pero están a un montón de euros de distancia, cojas tu toalla y después de preguntarle a tu marido: “¿Te vienes?” Y que él te conteste como siempre: “No, si sabes que a mí no me gusta la playa” te dirijas a la Universidad Popular, como yo la llamo, porque hay que ver la cantidad de cosas que se aprenden en la playa, mientras te asoleas puedes acumular saberes como para acceder a un máster en sociología y conocimiento humano. Claro, tienes que escoger donde sentarte, junto a niñas famélicas y preocupadas sólo por si las están mirando, no, ahí corres el peligro de que te de un pipirijate de ver que tienen la cabeza más vacía. Se podían poner tantos ejemplos hoy día que lo dejo a la imaginación de cada cual.
Mis preferidos son los grupos de cuatro personas o más, ahí sí que se aprende y se lo pasa uno en grande. Se puede aprender de todo, desde recetas de cocina, trucos para que te salgan mejor las que ya conoces, lo que se hace para que esa mancha con vocación de indeleble que te ha caído en tu mejor vestido, o en tu mejor mantel desaparezca al fin, cuál es la prueba del nueve para saber si tu marido te engaña y el mejor camino que hay que tomar o las diversas opciones existentes. Pero no crea nadie que yo voy allí de libre oyente, al cuarto de hora ya me integré y estoy aportando mi granito de arena.
Otro día y en otro grupo puede que se traten temas más serios como la droga y las familias que ha destrozado o se ponga de vuelta y media a Leire Pajín y se cuenten los chistes que sobre ella han salido. Ayer me enteré de cuál es el remedio para quitar la peste a pescado frito que se te queda en toda la casa cuando fríes esas viejitas o esa sardinas tan buenas y ya puedo dar fe de que funciona, pues hoy tuve ocasión de comprobarlo, se trata de quemar una cantidad respetable de… Bueno no lo voy a decir porque estoy pensando en escribir un libro que se podría llamar “Me lo dijeron las chicas de la playa y juraito que es verdad”. Claro que también hay quien afirma categóricamente que el chocolate no engorda y pide el apoyo de su hermana: “¿Verdad, Fefa, que el chocolate no engorda? –No, no, que va, eso lo sabe todo el mundo, el único que engorda es el guisado con leche, el que se come con churros, pero en tableta y los bombones de esos puedes comer los que quieras”.
Así que ya saben si quieren seguir ese consejo, mejor vayan pidiendo hora al endocrino por si Fefa y Antonia andan confundidas, yo desde luego no lo pienso poner en práctica.
Y claro, como no, se habla de las telenovelas, se especula sobre si Rodolfo Fernando se quedara con Carolina Anselma o por el contrario será la mala malísima de Demetria Adelaida quien se lleve el gato al agua. Una de las contertulias las ve todas porque su marido se las grava y ella, después por la noche, “fresquita y tranquila” se pone al día. Pero tengo que decir que la que arrasa por mayoría absoluta de seguidores es “Amar en tiempos revueltos” ¡Qué bonita está, chiquillas!
lunes, 24 de agosto de 2009
Mas verano.
lunes, 3 de agosto de 2009
Los niños de hoy se aburren
Nada más levantarse, los niños disponen de tres o cuatro programas infantiles en la televisión, pero no pueden disfrutarlos porque tienen que salir a escape para el colegio, o aún peor, para las guarderías. Chiquititos, muertitos de sueño, cuando lo que a ellos de verdad les gustaría sería, cuando se despertaran, pasarse a la cama de los papás y volver a dormirse entre los dos calentitos o muertos de calor, pero allí. Sospecho que esa es la idea que ellos tienen del Paraíso.
Después, corriendo, corriendo a desayunar, a preparar la mochila acuciados por sus padres que temen llegar tarde al trabajo y que corren desaforados por la casa mientras atienden a los niños y a la vez, preparan sus cosas y se arreglan.
Por la tarde, los deberes y después la madre los arrastra por toda la ciudad a clases de inglés, judo, natación, piano, guitarra, tenis… con lo cual, los niños llegan al viernes extenuados, con la casa llena de juguetes, pero sin tiempo ni ganas de usarlos.
Los fines de semana hay que llevarlos a la playa, al campo, a unos grandes almacenes, a donde sea. ¿Pero son los niños o los padres los que consideran tan necesario tenerlos de la Seca a la Meca todo el día? Pregúnteles, pregúnteles si no prefieren quedarse en casa y jugar con el escalextric que le trajeron los Reyes hace casi medio año y que todavía no saben ni como funciona.
Por todo esto y muchas otras cosas, que todos sabemos y que sería muy largo de enumerar y siempre sabiendo que los padres lo hacen con la mejor intención del mundo, los niños llegan a adolescentes sin conocer a sus padres y lo que es más grave sin que estos los conozcan a ellos.
Piensen que ustedes no son solo los proveedores de alimentos y demás necesidades de sus hijos, eso puede serlo cualquiera. ¡Ustedes son nada más y nada menos que sus padres! ¿Qué has podido hacer que sea más importante que engendrar y criar a tus hijos? ¡Sean principalmente padres!
Les propongo algo: tómense un día para ir con ellos y sus amigos de excursión al campo, pero no en el todoterreno de papá, que es el mejor de todos los todoterrenos de los amigos, sino en la guagua, incluso canten con ellos, lo van a recordar toda la vida, tírense al suelo y jueguen a lo que ellos quieran. Seguro que la empresa no irá a la quiebra porque falten un día: nadie es tan imprescindible. Olvídense de que mañana, otra vez, serán unos señores muy ocupados que cuando salgan por la tarde del trabajo se llevarán a casa una cartera con un montón de trabajo y apenas tendrás tiempo de darles un beso de pasada. Y al otro día será igual y así, sin darse cuenta se habrán perdido la mejor y más enriquecedora de las experiencias.