lunes, 13 de octubre de 2008

¿Este vestido?

¿Este vestido? Más de un año hace que me lo compré… digo, tapando la etiqueta con la mano mientras busco unas tijeras…. ¡Anda que te fijas tú en mi!, cuando éramos novios bien que notabas si me hacía la permanente o hasta si me cambiaba el color del lápiz de labios… Hay que ver lo que va de ayer a hoy.
…” Mujer, tu sabes que soy un despistado para esas cosas, no me lo tengas en cuenta”.
Y yo mientras, con el ropero tan lleno, que para meter algo, tengo que empujar las perchas con las dos manos.

Relato circular

Salió a la calle dando un portazo. Que su niña se empeñara en irse a vivir con un hombre diez años mayor que ella y, sin que mediara ninguna ceremonia religiosa, eso era inconcebible.
La madre, como siempre, lo veía todo lógico y normal: “Hombre, los tiempos no son lo que eran…”
“¡No, no y no, por ahí no paso, si mi madre levantara la cabeza...! ¡Mi hija amancebada...!”
“¡Por Dios, Luis! ¡Que no somos contemporáneos del Cid! El tiempo ha pasado, las costumbres son otras y la moral, la moral es de cada cual. Es su vida, déjalos que hagan lo que ellos quieran”.
Tozudo él, la hija cariñosa y complaciente, el novio muy enamorado, dispuesto a complacerle en todo, por encima de sus condiciones.
Hubo boda.
Salió a la calle dando un portazo pero ahora sonriendo feliz.

Se querían

Se querían, se querían tanto que nunca creerían que eso no era eterno, que con sólo mirarse, con sólo tocarse, con sólo saber que hoy se encontrarían, ya estaban contentos.

jueves, 9 de octubre de 2008

De ella abuela, de ella

Va a tener un niño, me dijo mi nieto hablando de una conocida de dieciséis años, yo, olvidando por un momento la edad de mi nieto, pregunte: “¿Y de quién es el niño?” Él, con cara de estar pensando mi abuela no rige bien, me dijo: “De ella, mama Concha, de ella ¿No ves que lo lleva dentro?”
¿Hay alguien que dude que eso, explicado con tanta sencillez, sea verdad?
Claro que también son de los papas, sin ellos no seria posible (de momento), pero pensemos: Él lo deja allí y punto, bueno, comparten alegría, ilusión, preocupación, le toca la barriguita para notar como se mueve, como crece, lo cuenta en el trabajo, a sus amigos, se siente profundamente masculino. La mamá lo será a tiempo completo, desde el primer momento: nauseas, mareos, acidez, oleadas de emoción, ganas de reír y llorar… ¿Seré capaz de sacarlo adelante como hicieron las madres que me precedieron? En el momento del parto el padre nervioso, ella reventándose… El momento de la expulsión es para ella de auténtica liberación física, cuando ya no puede más, cuando ha gastado sus últimas energías, bueno, estoy hablando de partos naturales, sin ningún fármaco, como fueron los míos. Creemos que ese momento transforma a una mujer místicamente en madre, no es verdad, ahora estas deseando descansar, que se lleven al niño, lo bañen, lo vistan con esas ropitas que parecían tan pequeñas y que ahora dan dos vueltas al largo y disperso cuerpecito. Cuando hayas descansado, sentirás el deseo instintivo de tenerlo sobre tu pecho, de amamantarlo, tendrás que aprender claro, cogiéndolo con miedo, como que es lo más valioso que tienes, una cosa que parece tan sencilla como ponerlo al hombro para que eructe, se convierte en un trabajo de Hércules, porque como ha estado nueve meses con las rodillas recogidas hacía la barbilla, apenas te descuidas, se hace una bolita hacia tu regazo
Llegas a tu casa, cambian todas tus costumbre ¿Eras tú la que tenías la casa siempre tan ordenada? ¿La que se enfadaba si algo no estaba en su sitio? Ahora la casa es un desbarajuste, pañales, llantos, que todavía no sabes distinguir si son de hambre, no coge la chupa, ¿Tendrá gases? Entonces te acuerdas de cuando tenías sueño y te acostabas sin más, pero compensa, ya lo sabes tú que compensa. A los cuatro o cinco días ya parece que reconoce el timbre de tu voz, bastante mas tarde le echa los brazos al padre, las babas de él hacen un charco en el suelo. Algo muy divertido son las posturas que adopta el padre cuando por primera vez le pones al niño en sus brazos, se agacha o levanta mucho un hombro o se hace hacía delante mientras lo mantiene con los brazos alejado de él. Yo vi una vez uno que incluso se puso a la pata coja al tiempo que ponía una cara rarísima, mezcla de amor y miedo a no ser capaz de mantenerlo ahora ni después. Cuando el niño se vuelve sólo en la cunita, los papás están ahí con todos los músculos en tensión, ayudándole. Pero el que tu hijo se alimente de tu cuerpo, oírlo ronronear de contento, ver como cierra los ojos confiado y feliz porque está contigo, en ti, eso son cosas que sólo las madres pueden sentir y disfrutar, por eso mi nieto tenía tanta razón: “El niño es de ella, mama Concha, de ella ¿no ves que lo lleva dentro?”

Alegantina

En nuestro querido lenguaje canario “alegantina” es la que no se calla ni debajo del agua, la que pega la hebra con todo el que se encuentra y, “chismosa” es la que trae y lleva cuentos por todos lados y, cuanto más, dañinos mejor. Yo alegantina soy de por demás, sin alegar no puedo pasar.
Me subo a la guagua en Tomás Morales y cuando llego al puerto ya soy amiga del alma del que esta a mi lado, sea macho, hembra o entreverao. ¡OH! Fíjense ustedes si yo alegaré que perdí la tarjeta de crédito, llamé al número que tiene detrás para denunciar y a la media hora, entró mi marido y yo estaba diciendo: -¡Qué tiene gemelos! Mi hija y yo, también ¡Qué casualidad!-. Cuando colgué me preguntó: ¿Y con quién hablabas? -Con el tarjetero -Si no puede ser, si es una cinta... -Te digo que no, él me contestaba si le hablaba yo.
Un día, cuando era yo más joven y menos prudente, me subí en Ingenio en el coche de hora y al poco, le dije, en voz baja, a un señor serio y enlutado que estaba a mi lado : -Fuerte mujer fea la que va delante - Si que es fea- me contesto él -es mi mujer. Me quedé sin habla y al rato le dije: -Bueno, si la miras bien, tan fea no es”.-Si que es fea, si. Dígamelo a mí, que llevo veinte años casado con ella y viendo su cara en la mesa, en la cama y hasta en la azotea. Si cristiana, es fea. pero fea. Fea...- Y nos reímos los dos a la vez. Ella miró por encima del hombro y le dijo: -Pepe, ¿eso qué es? -Nada, es un chiste que contó esta mujer, ya te lo cuento después.
Mis hijos, cuando ven llegar a un taxi a la puerta de mi casa y que en diez minutos no se baja nadie, dicen: Ahí viene Mamá, pero hasta que no se entere de la vida y milagros del pobre taxista no se bajará. Y es que a mí me gusta alegar, ¡Cómo me gusta alegar!. Un conocido me dijo un día: Creo que a ti te sería más fácil no respirar que no hablar, yo estoy de acuerdo con él.

viernes, 3 de octubre de 2008

Piropos

Hace mucho tiempo, pero mucho, cuando yo era una mujer joven y no guapa, pero si vistosa y alegre (la alegría la conservo aún), recibí el piropo más sentido que más me llego al alma y que siempre recuerdo. Paseábamos mis hijos, mi marido y yo por la calle Sierpes de Sevilla cuando vi un portalón enorme que daba paso a un precioso patio andaluz, me detuve a mirarlo y entonces pude ver a un viejito, viejísimo diría yo, sentado en una silla de ruedas y que, a pesar del tórrido calor que derretía el chocolate, llevaba una manta sobre las piernas. Parecía que sólo le quedaba un halito de vida: estaba muy delgado, demacrado, sin pelo, yo le saludé sonriendo y él, usando todas las fuerzas que pudo juntar, me dijo el “guapa” más bonito y que más hondo me caló.
Otra vez, saliendo yo de un probador del Corte Inglés se me acerco un señor bastante mayor y con marcado acento gallego y me pregunto: “Dígame, por favor, ¿es aquí donde se cambian las señoras?” Yo, muy cortésmente como mi madre me había enseñado, le contesté: “Si, señor, aquí es” Él, con una sonrisa socarrona que le rejuvenecía diez años, me dijo: “¿Podría usted cambiarse por la mía que la pobre esta ya bastante deslucida?” Yo me reí a carcajadas y eso le hizo reafirmarse más en la propuesta de cambio, pues me contó que su mujer no se había reído así en la vida.
Esa preciosa costumbre del piropo se ha perdido, antes era moneda corriente, ahora los chicos ven pasar a niñas bonitas y apenas las miran. Claro se ha perdido el misterio, ahora ven todo lo que quieren cuando quieren y ya no es lo mismo, en mis tiempos, calculen allá por La Reconquista más o menos, si nos poníamos un vestido con mangas de hueco, así se llamaban entonces a los vestidos sin mangas, y levantabas el brazo, para arreglarte el pelo o simplemente para observar la reacción del colectivo masculino, todas las miradas se dirigían allí con la siempre frustrada esperanza de ver aunque sólo fuera el nacimiento de los pechos, esos mismos pechos que ahora vemos lo mismo en un anuncio de desodorante que en el telediario, bueno, siempre se exagera. Mi madre nos contaba que cuando nuestra abuela era joven se usaban faldas largas y los hombres se apostaban en los sitios estratégicos del pueblo, en los más ventosos como El Ejido, la plaza, para ver si, con un poco de suerte y con la inestimable ayuda de Eolo, se les removían las faldas y podían verles los tobillos. Mucho han cambiado las cosas desde entonces, hoy ya no se deja nada a la imaginación y no sé si eso será malo o bueno y, desde luego, no soy nadie para juzgarlo.